Por Marianela Cartagena Muñoz*
- La experiencia adicional que tenemos los tripulantes de vuelo (de mando y cabina), se debe a que éste es un trabajo que conlleva experiencias muy distintas a la de las personas que trabajan en tierra. El trabajo lo realizamos a 33.000 pie de altura.
La experiencia es imprescindible para todo ser vivo. Experiencia es aquella interacción con la “realidad” que deja una huella, la que en algún momento se puede activar mediante la Memoria.
En los seres humanos (sistemas complejos), la percepción del medio ambiente esta teñida por las experiencias previas, almacenadas en una masa encefálica de múltiples redes neuronales y lo memorizado está influido por esa forma de percibir. Las experiencias y la memoria de dichas experiencias, se complejizan hasta alcanzar un carácter muy peculiar, sorprendente y maravilloso que llamamos la autoconciencia.
Corresponde aquí echar mano de dos aspectos:
- Autoconocimiento: A los seres humanos, los padres, cuidadores y/o lacomunidad, no nos enseñan psicomotricidad, ésta viene cableada genéticamente; lo que nos enseñan es el cuándo, como y el donde de la conducta. Vale decir, el contexto en que corresponde que ella se implemente.
- Reflexión: La experiencia adicional que tenemos los tripulantes de vuelo (de mando y cabina), se debe a que éste es un trabajo que conlleva experiencias muy distintas a la de las personas que trabajan en tierra. El trabajo lo realizamos a 33.000 pies de altura. También es diferente la salida al término del trabajo, ya que el tripulante no se encuentra con la una calle o avenida conocida y usada todos los días para volver a su casa, sino que se encuentra con una ciudad, país, continente, diferentes al propio y con cultura, idioma, costumbres distintos del entorno del cual iniciaron el vuelo, ese día. O sea, hay un cambio de contexto.
Los seres humanos nacemos con un nivel de plasticidad tal que somos como el hierro fundido que se vierte en un molde. La realidad nos moldea en forma diversa lo que nos lleva a adquirir un perfil, una identidad determinada. A mayor experiencia, tendremos recuerdos más variados y una capacidad de percepción más compleja de la realidad. Los seres humanos, en general, tenemos poca tolerancia a la frustración y a la incertidumbre, por eso simplificamos la realidad, para entenderla desde modelos conocidos. En la selección de tripulantes, se pone especial cuidado en este punto. Se eligen personas que tengan mayor tolerancia a la frustración y a la incertidumbre. Se elegirán personas que tengan un mejor manejo de las emociones, tanto propias como de los otros, debido a las diferentes conductas que bajo presión o en emergencias, pueden tener los seres humanos.
Recién en el siglo XIX nace la psicología y con ella la concepción de una Mente que crece resolviendo tendencias primitivas, que lleva a tomar conciencia del papel fundamental que ocupan las emociones en el psiquismo, así como a considerar el pensamiento racional como incompleto.
Así llegamos al siglo XX, con una tendencia hegemónica a plantear que para captar las realidades complejas, el instrumento privilegiado será la experiencia. Es decir, se conoce la realidad experimentando con ella, interactuando, haciendo y no mediante las elucubraciones, la racionalización y la teorización.
En las capacitaciones a que se someten las tripulaciones de vuelo y de cabina, se puede verificar lo dicho por Ricardo Capponi, en su libro Felicidad Solida: “La mente necesita construir un modelo para comprender la realidad, pero debe ser un modelo solo para pensar, no para imponérselo a la realidad.»
Dado que las emergencias en vuelo dependen del tipo de avión, la ruta de vuelo, el tipo de falla en los instrumentos, el buen uso del modelo en una emergencia, implica contrastar el que se ha aprendido con la realidad que se está viviendo y verificar sus resultados o modificarlo para realizar ajustes al instante.
Cuando nos comportamos rígidamente y tratamos de incorporar modelos teóricos, a pesar de que la realidad nos da señales de su inconsistencia, de sus errores y contradicciones, caemos en el pensamiento teorizado. Es decir, a dar una respuesta única y rápida que parece explicar el fenómeno, aunque ella no se corresponda con la realidad. Esto conduce a errores que en vuelo, son mucho más graves y dañinos que en tierra.
Cuando nuestra mente construye una determinada visión de mundo, tiende a considerar únicamente los casos que la confirman. Esta amplitud de mente, solo la da la experiencia vivida y la capacitación recibida.
El psicólogo libanés-estadounidense Nassim Taleb, considera que hay otra forma de conocer la realidad. Se trata del conocimiento práctico que es más complejo, intuitivo y basado en la experiencia. Somos propensos a pensar que las aptitudes y las ideas se deben a los libros y al razonamiento, cuando en realidad la teoría nace de la práctica. En pocas palabras, creamos teorías a partir de ella y no las llevamos a la práctica.
En definitiva, un experto elabora todo lo que le va aconteciendo en sus experiencias con situaciones u objetos del área de su experticia y es ese trabajo lo que nos va transformando en experto.
1 Capponi R.,“Felicidad Solida”, Editorial Zig Zag, Chile (2019)
(*) Marianela Cartagena Muñoz, es Psicóloga de la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile, Directora Ejecutiva de MCMSilva consultores y ha desarrollado una extensa carrera en la aviación comercial de su país. Ella puede ser contactada en mcartagena@mcmsilva.cl